Mi hermano me envía el siguiente artículo de “El País”:
Enlace: http://www.elpais.com/articulo/portada/entero/elpepusoceps/20091108elpepspor_17/Tes
«JAVIER MARÍAS LA ZONA FANTASMA
Que no me entero
Leo este periódico a diario, desde su fundación. Además he escrito en él desde 1978, esporádicamente durante muchos años, mensualmente durante unos pocos, semanalmente desde hace casi siete, en este dominical. Es normal que lo que no me gusta de El País me preocupe, no tiene nada de particular. Les sucede a los que son sólo lectores, como demuestran sus Cartas al Director y sus quejas a
“Nunca me había sucedido lo que me sucede a menudo últimamente”
Nunca me había sucedido lo que me sucede a menudo últimamente: leo una información intentando enterarme de lo que ocurre en un lugar determinado, o de cómo está la situación de tal conflicto, o de cuáles van a ser los problemas del libro cuando se generalicen el e-book y similares, o de qué va a pasar con la fosa de García Lorca, y no lo consigo. En el mejor de los casos, me quedo como estaba, y en el peor, han aumentado mi ignorancia y mi confusión. Como he perdido muchas cosas, pero aún no mi capacidad intelectiva (o no enteramente), sólo me queda concluir que con frecuencia no se entiende nada de lo que los nuevos redactores (cada vez hay más nombres nuevos que no se asientan, no sé si son becarios que vienen y se van) intentan explicar. A veces se tiene la impresión de que fingen explicar algo que ellos no han comprendido previamente, lo cual hace su tarea imposible, claro está. En el caso de algunos corresponsales extranjeros, uno detecta con facilidad que se han limitado a mal copiar -es decir, a traducir mal- lo que los diarios o televisiones de cada país han dicho, y nada es más incomprensible que una traducción hecha por alguien que conoce mal la lengua de origen y deficientemente la propia. El resultado habitual es que el lector con ciertos conocimientos se ve obligado a llevar a cabo sobre la marcha una "traducción" de la información, esto es, a "deducir" lo que los redactores habrán entendido o habrán querido decir en realidad. Un juego de adivinación, que va contra las reglas más elementales del periodismo. Lo peor es que, como esto no se da sólo en El País, sino también en todos los demás diarios y sobre todo en las radios y televisiones -con la fuerza divulgadora de estas últimas, y lo de TVE es atroz-, nos encontramos con que también quienes no son corresponsales en el extranjero, y por tanto no tendrían en principio de dónde traducir, adoptan las meteduras de pata, las sintaxis ininteligibles y los innumerables falsos amigos que sus colegas propagan. Es llamativa la resistencia mínima que se opone hoy al continuo destrozo de la lengua. (Ojo, mi preocupación no se debe a ningún purismo, sino al creciente peligro de que no nos entendamos más que "retraduciéndonos" los unos a los otros, si cada cual trufa el español con los disparates que se le antojan.)
Sirva como ejemplo modesto la proliferación de falsos amigos, y eso que hay diccionarios para prevenirnos contra ellos. Obviamente, hay redactores de este diario (y por supuesto de otros) que ni los tienen ni los consultan, porque aún no se han enterado de que en inglés "extravagant" nunca significa "extravagante", sino "derrochador" o "despilfarrador"; de que "fastidious" es "puntilloso" o "meticuloso"; de que "dramatic",en bastantes contextos, no es "dramático", sino "espectacular"; de que "bizarre" no equivale a nuestro "bizarro", sino, como en francés, a "extraño" o incluso "estrafalario"; de que "to abuse" es "insultar" o "maltratar" muchas más veces que "abusar"; de que"anxiety" no significa "ansiedad", sino "angustia" (hace poco un crítico de Babelia se congratulaba de que por fin se hubiera traducido "fielmente" el título de una obra que contiene esa palabra, cuando precisamente ahora se ha traducido mal); de que "a stranger" no es "un extraño", sino "un desconocido" o el viejo "forastero" de las películas del Oeste; de que "miserable" quiere decir "desdichado"; de que "to remove" no es "remover", sino "quitar" o "sacar"; de que "ingenuity" e "intoxication" no son lo que parecen, sino "ingenio" y "embriaguez", y así decenas de casos más, que no se dan sólo en el inglés. La mayoría son cosas que los estudiantes de cualquier lengua aprenden en el primer curso. Gente que lleva años o meses viviendo en un país, y que escribe para la prensa, las desconoce y las traduce mal una y mil veces, hasta contagiárselas a quienes jamás han puesto un pie en el país en cuestión. Regalen esos diccionarios a quienes los necesiten en la redacción, por favor. Desearía volver a leer un periódico en el que no tuviera que retraducir a mi lengua las noticias que en él se me dan, y en el que me enterara un poco más.»
Visto que no puedo comentar el artículo, pues escribo lo que pienso al respecto del mismo en mi blog. Estoy totalmente de acuerdo con Javier Marías, al cual admiro como escritor y como pensador, en que actualmente el periodismo, la traducción y muchos otros trabajos donde el lenguaje es la herramienta no hay calidad alguna. Pero, ¿por qué no ir más allá y preguntarnos el porqué de este desaguisado?
Yo llevo trabajando como traductora desde hace 12 años, como traductora prosaica: textos técnicos, legales, turísticos, publicitarios y esas cosas bonitas (de vez en cuando tengo algún guión cinematográfico, ¡qué alegría!)… y nunca he sido ni bien pagada ni mi trabajo se ha reconocido. Siempre he trabajado con prisas y, como autónoma, tengo un paro irrisorio y, obviamente, ni pensar en vacaciones pagadas, pagas extras o, al menos, no pagar la cuota mínima de
La base de esa falta de calidad y de precisión de la que habla Javier Marías está sin duda en la precariedad, la precariedad laboral. Evidentemente si pagas poco o nada (¡viva me permiten hacer prácticas no remuneradas en El País o El Mundo, qué suerte tengo! [papi, por favor, dame dinero para el alquiler que estoy haciendo unas prácticas geniales pero no me pagan, a pesar de mis tres masters...]) y todo urge es difícil que puedas controlar diccionarios o revisar todo lo que desearías un artículo. No hay motivación, ni tiempo. Y muchas veces se exige a periodistas actuar como traductores cuando no lo son, y a traductores actuar como redactores… la información es la información.
Hablando de información, ¿qué información pide el público actualmente? ¿Desea artículos bien escritos y perfectamente lógicos, razonados y claros? ¿O desea simplemente información basura, información de usar y tirar? Yo creo que el público mayoritario (salvo honrosas excepciones como Javier Marías) no desea calidad (véase la programación televisiva), desea leer o ver algo "ligero", no hay tiempo, algo que usar y tirar: lo leo, lo veo y lo olvido, o lo comento con los compañeros si la información (o desinformación) está enfocada a provocar polémica.
¿Por qué nos centramos en el último eslabón de la cadena cuando deberíamos centrarnos en el primero? Es decir, por qué Javier Marías se queja de la calidad que tiene ahora el periodismo pero no se queja de los sueldos horribles, de la urgencia permanente, etc., o lo menciona simplemente de pasada. ¿Es más fácil echar la culpa al último de la cadena?
Creo que si hay culpables de la falta de calidad, éstos son los altos cargos (políticos y empresariales), los que deciden pagar poco, los que deciden exprimir al máximo a sus trabajadores, los que crean leyes que permiten lo anterior, los que, en definitiva, nos explotan.
P.S. Si hay algún error ortotipográfico, ortográfico, gramatical o de estilo en el texto escrito por mí, lo siento, tengo traducciones urgentes y si no trabajo no me pagan y, además, no me contratan más. Mondo difficile!
P.S. I Hoy va sin pintura... ¡no hay tiempo!
P.S.II ¿Y qué calidad nos dan nuestros políticos? ¿Qué formación tienen que ni siquiera saben hablar un idioma que no sea el suyo propio?










