19 diciembre 2009

PORQUE SÍ


El otro día fuimos Miranda (Estherwise o como ella se quiera llamar) y yo a una exposición. Una premisita: ambas somos dadas a la “risa floja”, cualquier motivo es bueno para reírse un rato. Bueno, pues eso, fuimos a una exposición, como otras tantas a las que hemos ido juntas o por separado. Estábamos allí y, mientras que mirábamos los cuadros y fotografías (algunas preciosas de Italia a finales del siglo XIX [vinculadas al recorrido de Le Grand Tour]), comentábamos cosas diversas, sobre las propias imágenes o lo que nos viniera a la cabeza; entonces una señora de las que vigila las exposiciones (no sé cómo se llaman, ¿ordenanzas?, no sé, una de esas personas que, de pie o sentada, observa a la gente y les dice cosas si “se comportan inadecuadamente”) nos hizo una señal para que bajáramos la voz. Nos quedamos bastante asombradas, sólo nos estábamos riendo un poquito y de una forma nada exagerada (no somos exhibicionistas, al menos no por ahora). Había delante de un cuadro, al lado nuestro, un grupo de estudiantes sentados en el suelo con su guía-profesora que les explicaba dicho cuadro y no permitía que el resto de la gente lo viera, pero eso no importaba, importaba que nosotras nos reímos (repito, no exageradamente porque no somos dadas a los excesos en público). Bueno, pues seguimos viendo la exposición, que nos gustó, especialmente las fotografías antiguas, y, de nuevo, ¡otro señor (¿ordenanza?) que llama nuestra atención…! Nos quedamos atónitas, no estábamos haciendo nada particular, sólo comentar lo que veíamos y reírnos cuando nos apetecía. A ese punto le dije a Miranda que tal vez habría que preguntarle al señor porqué nos hacía callar, luego recapacité y decidí no hacerle dicha pregunta, me imaginé la respuesta: "son órdenes".

¿Quién crea las órdenes? ¿Quién crea órdenes estúpidas que no se sabe exactamente a qué lógica anticuada responden?

¿Cuál es la vinculación entre el silencio absoluto o hablar en voz muy baja y disfrutar de una exposición? He ido a muchas exposiciones (muchísimas es más, me encanta el arte, especialmente el del siglo XX, y me deleito profundamente con él) en mi vida. Cuando el Reina Sofía era gratuito me pasaba los días allí metida, viendo sus obras y disfrutando de su patio (cuando no había nadie, porque era gratis y así no mola; a la gente, en general, le gusta pagar por las cosas, les hace sentir que tienen más valor).

Bueno, entonces, ¿alguien me puede dar una explicación lógica? Entiendo que en un concierto o en una obra de teatro debas guardar silencio, pero ¿en una exposición (de cuadros, fotos, esculturas...) o una instalación, por qué debe uno guardar silencio, cuando los guías sí pueden hablar tranquilamente para su "manada"?

La explicación tal vez sea "porque son órdenes" y, ¿alguien se pregunta por qué se dan esas órdenes? Yo imagino que "porque sí" y detrás de ese “porque sí”, veo elitismo, veo diferencia de clases, veo taaaantas cosas feas... Posiblemente, antes cualquier exposición que se preciara iba acompañada de música de cámara, en esas épocas en las que sólo unos pocos podían permitirse ver obras de arte; ahora el arte está a la mano de todos, pero “las ordenanzas" (no "los ordenanzas") establecen un código de conducta encorsetado e ilógico (ya hay pocas exposiciones en las que haya música de cámara) para las visitas artísticas, no vaya a ser que la gente de clase baja se encuentre cómoda aquí... En cualquier caso, para que se encuentren bien deberán venir con un guía que les dirija, ¡nada de pensamiento individual, el grupo guiado es más dócil! No sé, todo esto emana un tufillo retrógrado y clasista. Pero bueno, la autoridad, como tal, es retrógrada y clasista, y evidentemente responde a sus propias necesidades, por ejemplo, en este caso, la de ofrecer al pueblo algo dejándole claro que no es suyo, que no es su ambiente y, por lo tanto, no se debe "acomodar”: está de paso y debe seguir órdenes (de arriba).

La autoridad es un padre que maltrata (física y psicológicamente) y al que, sus hijos acomplejados (véase, en este caso, los “ordenanzas" o como se llame ese personal censor), veneran.

P.S. En este caso no he incluido enlace en el cuadro porque no he encontrado nada de información decente sobre el pintor en español. Aquí (http://www.youtube.com/watch?v=iyKjvNBJlj4) hay un vídeo (en alemán) sobre una exposición dedicada a él (Karl Wilhelm Diefenbach) en la que se hace un resumen de su vida y obra. Yo no entiendo nada de alemán pero más o menos sé que este pintor de finales del siglo XIX tuvo una vida rompedora (creando incluso una especie de comuna) y su obra me llama mucho la atención, es muy especial. He visto pinturas de él en la Certosa di Capri y son verdaderamente impresionantes (por tamaño y por lo impactante de los escenarios y la luz que crea). Tiene algo de pintor romántico, pero exagera los sentimientos hasta hacer prácticamente que se "salgan" del cuadro… es bastante llamativo.

09 noviembre 2009

SOBRE LA PRECARIEDAD

Mi hermano me envía el siguiente artículo de “El País”:

Enlace: http://www.elpais.com/articulo/portada/entero/elpepusoceps/20091108elpepspor_17/Tes

«JAVIER MARÍAS LA ZONA FANTASMA

Que no me entero

Leo este periódico a diario, desde su fundación. Además he escrito en él desde 1978, esporádicamente durante muchos años, mensualmente durante unos pocos, semanalmente desde hace casi siete, en este dominical. Es normal que lo que no me gusta de El País me preocupe, no tiene nada de particular. Les sucede a los que son sólo lectores, como demuestran sus Cartas al Director y sus quejas a la Defensora. En los últimos tiempos encuentro cada vez más motivos de preocupación: de tendencia, de estilo, de contenido, de foco o atención. Me fijo en los nombres de quienes firman las noticias, los comentarios, los reportajes, las críticas, las columnas y artículos de opinión. Conozco los de los corresponsales, nacionales e internacionales. Éstos han sido con frecuencia excelentes, y algunos lo siguen siendo. No voy a hablar, sin embargo, de las tendencias ni de los estilos ni de los contenidos ni de los focos o atenciones. Con todo, aún es mucho más lo que me agrada que lo que me desagrada. Y todo ello es subjetivo. Me voy a limitar a señalar un aspecto, el más preocupante de todos y el que más urgiría corregir.

“Nunca me había sucedido lo que me sucede a menudo últimamente”

Nunca me había sucedido lo que me sucede a menudo últimamente: leo una información intentando enterarme de lo que ocurre en un lugar determinado, o de cómo está la situación de tal conflicto, o de cuáles van a ser los problemas del libro cuando se generalicen el e-book y similares, o de qué va a pasar con la fosa de García Lorca, y no lo consigo. En el mejor de los casos, me quedo como estaba, y en el peor, han aumentado mi ignorancia y mi confusión. Como he perdido muchas cosas, pero aún no mi capacidad intelectiva (o no enteramente), sólo me queda concluir que con frecuencia no se entiende nada de lo que los nuevos redactores (cada vez hay más nombres nuevos que no se asientan, no sé si son becarios que vienen y se van) intentan explicar. A veces se tiene la impresión de que fingen explicar algo que ellos no han comprendido previamente, lo cual hace su tarea imposible, claro está. En el caso de algunos corresponsales extranjeros, uno detecta con facilidad que se han limitado a mal copiar -es decir, a traducir mal- lo que los diarios o televisiones de cada país han dicho, y nada es más incomprensible que una traducción hecha por alguien que conoce mal la lengua de origen y deficientemente la propia. El resultado habitual es que el lector con ciertos conocimientos se ve obligado a llevar a cabo sobre la marcha una "traducción" de la información, esto es, a "deducir" lo que los redactores habrán entendido o habrán querido decir en realidad. Un juego de adivinación, que va contra las reglas más elementales del periodismo. Lo peor es que, como esto no se da sólo en El País, sino también en todos los demás diarios y sobre todo en las radios y televisiones -con la fuerza divulgadora de estas últimas, y lo de TVE es atroz-, nos encontramos con que también quienes no son corresponsales en el extranjero, y por tanto no tendrían en principio de dónde traducir, adoptan las meteduras de pata, las sintaxis ininteligibles y los innumerables falsos amigos que sus colegas propagan. Es llamativa la resistencia mínima que se opone hoy al continuo destrozo de la lengua. (Ojo, mi preocupación no se debe a ningún purismo, sino al creciente peligro de que no nos entendamos más que "retraduciéndonos" los unos a los otros, si cada cual trufa el español con los disparates que se le antojan.)

Sirva como ejemplo modesto la proliferación de falsos amigos, y eso que hay diccionarios para prevenirnos contra ellos. Obviamente, hay redactores de este diario (y por supuesto de otros) que ni los tienen ni los consultan, porque aún no se han enterado de que en inglés "extravagant" nunca significa "extravagante", sino "derrochador" o "despilfarrador"; de que "fastidious" es "puntilloso" o "meticuloso"; de que "dramatic",en bastantes contextos, no es "dramático", sino "espectacular"; de que "bizarre" no equivale a nuestro "bizarro", sino, como en francés, a "extraño" o incluso "estrafalario"; de que "to abuse" es "insultar" o "maltratar" muchas más veces que "abusar"; de que"anxiety" no significa "ansiedad", sino "angustia" (hace poco un crítico de Babelia se congratulaba de que por fin se hubiera traducido "fielmente" el título de una obra que contiene esa palabra, cuando precisamente ahora se ha traducido mal); de que "a stranger" no es "un extraño", sino "un desconocido" o el viejo "forastero" de las películas del Oeste; de que "miserable" quiere decir "desdichado"; de que "to remove" no es "remover", sino "quitar" o "sacar"; de que "ingenuity" e "intoxication" no son lo que parecen, sino "ingenio" y "embriaguez", y así decenas de casos más, que no se dan sólo en el inglés. La mayoría son cosas que los estudiantes de cualquier lengua aprenden en el primer curso. Gente que lleva años o meses viviendo en un país, y que escribe para la prensa, las desconoce y las traduce mal una y mil veces, hasta contagiárselas a quienes jamás han puesto un pie en el país en cuestión. Regalen esos diccionarios a quienes los necesiten en la redacción, por favor. Desearía volver a leer un periódico en el que no tuviera que retraducir a mi lengua las noticias que en él se me dan, y en el que me enterara un poco más.»


Visto que no puedo comentar el artículo, pues escribo lo que pienso al respecto del mismo en mi blog. Estoy totalmente de acuerdo con Javier Marías, al cual admiro como escritor y como pensador, en que actualmente el periodismo, la traducción y muchos otros trabajos donde el lenguaje es la herramienta no hay calidad alguna. Pero, ¿por qué no ir más allá y preguntarnos el porqué de este desaguisado?


Yo llevo trabajando como traductora desde hace 12 años, como traductora prosaica: textos técnicos, legales, turísticos, publicitarios y esas cosas bonitas (de vez en cuando tengo algún guión cinematográfico, ¡qué alegría!)… y nunca he sido ni bien pagada ni mi trabajo se ha reconocido. Siempre he trabajado con prisas y, como autónoma, tengo un paro irrisorio y, obviamente, ni pensar en vacaciones pagadas, pagas extras o, al menos, no pagar la cuota mínima de la Seguridad Social cuando no trabajo (véase vacaciones o cuando no recibo encargos). Y sé que los traductores literarios, los pobrecitos, tienen tarifas aún más bajas y muchas veces ni siquiera aparecen en los créditos de los libros (al menos un aporte al orgullo, visto que al bolsillo no es posible, pues ni siquiera eso).


La base de esa falta de calidad y de precisión de la que habla Javier Marías está sin duda en la precariedad, la precariedad laboral. Evidentemente si pagas poco o nada (¡viva me permiten hacer prácticas no remuneradas en El País o El Mundo, qué suerte tengo! [papi, por favor, dame dinero para el alquiler que estoy haciendo unas prácticas geniales pero no me pagan, a pesar de mis tres masters...]) y todo urge es difícil que puedas controlar diccionarios o revisar todo lo que desearías un artículo. No hay motivación, ni tiempo. Y muchas veces se exige a periodistas actuar como traductores cuando no lo son, y a traductores actuar como redactores… la información es la información.


Hablando de información, ¿qué información pide el público actualmente? ¿Desea artículos bien escritos y perfectamente lógicos, razonados y claros? ¿O desea simplemente información basura, información de usar y tirar? Yo creo que el público mayoritario (salvo honrosas excepciones como Javier Marías) no desea calidad (véase la programación televisiva), desea leer o ver algo "ligero", no hay tiempo, algo que usar y tirar: lo leo, lo veo y lo olvido, o lo comento con los compañeros si la información (o desinformación) está enfocada a provocar polémica.


¿Por qué nos centramos en el último eslabón de la cadena cuando deberíamos centrarnos en el primero? Es decir, por qué Javier Marías se queja de la calidad que tiene ahora el periodismo pero no se queja de los sueldos horribles, de la urgencia permanente, etc., o lo menciona simplemente de pasada. ¿Es más fácil echar la culpa al último de la cadena?


Creo que si hay culpables de la falta de calidad, éstos son los altos cargos (políticos y empresariales), los que deciden pagar poco, los que deciden exprimir al máximo a sus trabajadores, los que crean leyes que permiten lo anterior, los que, en definitiva, nos explotan.


P.S. Si hay algún error ortotipográfico, ortográfico, gramatical o de estilo en el texto escrito por mí, lo siento, tengo traducciones urgentes y si no trabajo no me pagan y, además, no me contratan más. Mondo difficile!

P.S. I Hoy va sin pintura... ¡no hay tiempo!

P.S.II ¿Y qué calidad nos dan nuestros políticos? ¿Qué formación tienen que ni siquiera saben hablar un idioma que no sea el suyo propio?


15 octubre 2009

"MUNDO PAREJIL"

Muchas veces observo, con fines meramente científicos (nunca me ha interesado el cotilleo) a la gente que me rodea y, en especial, a las parejas (heterosexuales, que son las que suelo encontrar más a menudo).

Por más que miro, nunca veo "parejas ejemplares", parejas que te encanta verlas por la felicidad que irradian, por su complicidad no sumisa, por su comunicación, por su buen trato, por su respeto mutuo, en resumen, por el amor que parecen profesarse.

Las relaciones, en general, son complicadas. Eso ya lo sabemos, pero las relaciones de pareja son aún más complicadas, especialmente, cuando se comparte un espacio cotidianamente. Antes, el modelo típico de pareja en España, gracias a la etapa franquista y la involución que ella conllevó, era un macho firme y una mujer sumisa, que nunca le llevaba la contraria. Cada uno, con su rol, estaba más o menos contento. El macho porque hacía lo que le daba la gana y la hembra porque cumplía con el papel que se le suponía y, así, era aceptada socialmente.

Actualmente, la mujer sí lleva la contraria cuando considera necesario llevarla, entonces todo cambia y se complica. El hombre, el educado a la antigua, se siente ofendido ante tal atrevimiento y suele reaccionar violentamente…

Pero, ¿qué hace el hombre que pretende tener un comportamiento más avanzado? Ahí observo diversas y curiosas situaciones. En mi caso, la relación es "a la par", lo que conlleva necesariamente discusiones, luchas de poder, etc. pues ninguno de los dos se deja dominar por el otro; a mi modo de ver es la “configuración” de pareja más saludable mentalmente. A pesar de los dolores de cabeza que puedan producir las disputas, cada uno tiene su personalidad, la desea mantener y defiende sus principios a costa, obviamente, de ciertas tensiones de vez en cuando.

Luego, dentro de ese hombre que se supone moderno he observado un modelo domina-sumiso que me llama profundamente la atención. La mujer, en cierta medida, toma un papel similar al del macho en la época de Franco, pero de una forma socialmente aceptada e incluso admirada (se considera una manera de emancipación, lo cual a mí me parece una solemne estupidez, bueno ya me estoy yendo por las ramas, así que no sigo por este camino). Ella establece, manda, decide, por las buenas casi siempre puesto que el sumiso no lleva nunca la contraria a su domina, y él obedece y le es fiel (leal) como se supone que son los perros con sus “amos”; ese tipo de hombres darían todo por esas mujeres. A la mujer, en cierto modo, la entiendo, hace lo que le da la gana y tiene a una persona detrás que la apoya en todo; al hombre, en esos casos, no lo entiendo: tal vez sea para ser aceptado socialmente (como la mujer en otras épocas) o también (y esto es igualmente aplicable a la mujer de otras épocas) porque le gusta el rollo sadomaso y lo vive de una forma socialmente aceptada. El hombre o la mujer subyugados son un misterio absoluto para mí.

Luego también observo muchas parejas en las que uno de los dos se va por peteneras, acepta todo lo que le dice el otro, por no enfrentarse, para estar tranquilo y, luego, por detrás, está todo el día quebrantando la ley (establecida por el otro). Es un poco como la gente hace con el catolicismo, dicen que sí, van a misa, comulgan sumisamente y están deseando encontrar el momento para incumplir con toditos los mandamientos.

Luego los hay que muestran contención y armonía, y en casa se tiran los trastos a la cabeza, tipo familia feliz.

Los rabiosamente modernos (que en realidad me parecen profundamente antiguos y primitivos, pues no han sabido racionalizar sus instintos más básicos pero acaban cumpliendo con todas las normativas [véase cenas familiares, hijos, etc.]), cada uno va por su cuenta (sexual y vitalmente) y se juntan en las ocasiones en las que la sociedad establece que es más adecuado estar juntos.

También me parece francamente interesante el modelo pareja + hijos, lo cual ya por definición no me parece una pareja sino un trío, un cuarteto, una multitud… pero este modelo no lo tengo bien estudiado porque en mi entorno no hay muchos de estos especimenes.

Supongo que hay muchos más modelos, yo simplemente me limito a hacer una descripción somera de lo que veo en mi entorno y que, en general, no me agrada, ni lo considero un ejemplo a seguir; tampoco mi "modo" es un ejemplo, pero, en cierta medida, lo considero de lo más real (y tal vez más fair).

Aunque verdaderamente lo más natural creo que es la soledad, lo demás me parece bastante ficticio y forzado.

De todos modos, sigo sin entender las relaciones, de cualquier tipo, y continúo con mi observación… ¡a ver si algún día logro comprender algo! Aunque lo dudo.

27 julio 2009

TRANQUILIDAD


Estoy en una etapa donde la "tranquilidad" invade todo lo que hago... Para mí la tranquilidad (cuidadín, no confundir con la estabilidad [la cual ni me interesa, ni me gusta, ni me produce felicidad alguna]) siempre ha sido un fundamento de la felicidad. La he buscado durante años y la encuentro de vez cuando. Cuando estoy tranquila estoy, dentro de los márgenes que me permito, feliz. Me encuentro en el estado que deseo. Mi infancia no la recuerdo feliz, ni tranquila, mi adolescencia tampoco, la etapa universitaria fue divertida, alegre y “spensierata”, la postuniversitaria difícil (búsqueda de trabajo, casa en obras, amor puesto a prueba continuamente…) y tormentosa y la actual, por lo general, relajante y, finalmente, tranquila*.

¿Se nota que vivo la vida como un cúmulo de sensaciones? Puede parecer simplicista, pero todo lo que vivo a mí me produce únicamente sensaciones, mi memoria no guarda detalles (excepto en la comida, la bebida y la pintura), sólo vagas sensaciones.

La tranquilidad para mí es algo así como estar en el mar (Mediterráneo a poder ser) con máscara y tubo oyendo y viendo sólo azul, pececitos y mi propia respiración. O dormir. O estar en una piscina de agua cálida.

¿Se nota que cuando estoy tranquila mi mente elabora más lentamente? Yo lo noto, estoy menos despierta, estoy más “atontada” que normalmente y me gusta ese estado, casi, de dulce embriaguez. Me gusta no “elaborar”, sólo dejarme ir… Sí, me gusta, mucho, sin estridencias, sin preocupaciones, sin melodramas, sin complicaciones, con tranquilidad.

* Jes, jes, ya puedo morir ídem.
P.S. Título opcional “Peace, love & buen rollito...”, juis, juis, juis.
P.S.1 En este estado puedo resultar aburrida, pero no me importa en absoluto, mientras yo lo disfrute.


10 mayo 2009

LAS EXPECTATIVAS Y SUS EFECTOS SECUNDARIOS

Por principio estoy en contra de las expectativas, me parecen absurdas y contraproducentes, como la fe o la esperanza (componente básico de la expectativa). Especialmente las expectativas que no dependan de uno mismo, porque las propias son fáciles de cumplir y si no se cumplen, uno a sí mismo no se suele defraudar, con nosotros mismos solemos ser muy permisivos y comprensivos.

Las expectativas normalmente son uno de los grandes problemas en las relaciones. Tendemos a crearnos expectativas con respecto a nuestra pareja, familia, amigos, compañeros de trabajo, es decir, la gente con la que compartimos nuestra vida. ¿Por qué? Yo creo que es como la famosa esperanza de que existe un más allá (por Dios [precisamente] ¡qué cansino el temita!, ¿todavía seguimos con ésas?), es algo donde agarrarse, un motor que parece ser que permite sobrevivir. Pero es un arma de doble filo, porque al mismo tiempo que nos emocionamos pensando en lo que puede ocurrir, cuando no ocurre esto supone una fuente de frustración.

Yo hace muchos años me creaba expectativas, en la adolescencia principalmente, pero, no sé si por mi propia naturaleza o porque me ha parecido algo inútil, ya hace mucho tiempo que no me creo expectativas. Bueno, si me creo alguna es con respecto a mí misma y mis posibilidades materiales/mentales y no suelo darme problemas (jes, jes). Procuro vivir la vida tal como me viene sin demandar nada particular de los demás. Si los demás dan, bien, si no dan, pues también bien.

Hay mucha gente que dirá “¡qué horror, vivir sin emocionarse pensando en posibilidades de futuro variadas y apasionantes: eso es como no vivir!” No sé, yo soy así y vivo así. Me gusta la tranquilidad, soy poco dada a las emociones (tal vez porque ya he tenido demasiadas en mi vida o quizá, de nuevo, por mi propia naturaleza), así que vivo bien sin expectativas, ni los cambios de humor que éstas conllevan.

23 marzo 2009

3 "GAMBAS" EN ACOGIDA

He tenido durante 3 días, hasta que se han muerto (no por desidia sino por desconocimiento), 3 pequeñas gambas (por llamarlas de algún modo, puesto que a mí me parecían mini-bugres [con su típico color azulado y sus tremendas antenotas]) en casa. Es curioso cómo una se ve, de repente, ante situaciones extrañas.

Eran tres pequeños crustáceos que vivían en una pecera redonda, en Lavapiés. Tenían una luz eléctrica que les iluminaba todo el día y la noche, unas algas que les alimentaban y una rutina (supongo). De repente, la rutina se rompió, porque su propietario no se pudo hacer cargo de ellas y se quedaron solas varios días. Pobre su propietario, tampoco se podía hacer cargo de sí mismo, no sé precisamente su historia (porque no pregunto y no tengo curiosidad de serie por los hechos personales de los demás) pero mis conexiones mentales me hacen pensar que una familia opusiana y piadosa acabó con su voluntad de niño… ¡le tocó ser el loco! En todo grupo tiene que haber un tonto, un loco, una puta, en fin, algo que haga sentirse reconfortado y seguro al resto del grupo, al considerarse superiores al “supuestamente más débil”. Un “débil” creado, por lo general, por la comunidad para descargar en él sus propias inseguridades. Un terrible y agotador círculo vicioso cuyo máximo exponente de los horrores, a mi modo de ver, es la familia, la cual puede acabar con la personalidad de cualquiera antes siquiera que se forme. En el trabajo supongo que ya será más fácil luchar contra ese "rol" que te han impuesto, ya que tienes el carácter algo más consolidado.

Bueno, pues lo dicho, los pobres bugres se pasaron unos días solos, con su luz, pero sin su rutina, en un estudio-zulo de Lavapiés, hasta que decidimos ir a su rescate... las noches se nos hacían largas pensando en ellos (yo creía que eran pececitos hasta que los vi de cerca) y en su salud. Decidimos tomarlos en acogida hasta que el chico o su familia se hicieran cargo de ellos. Hicimos la ruta Lavapiés-Malasaña con una pecera-bola con tres pequeños bugres negro-azulados (bastante feos, por cierto) dentro, a ritmo lento para que no se estresaran. Los trajimos con su líquido acondicionador y su alimento, les cambiamos el agua (porque olía bastante mal), les dijimos cositas, los observamos, se los enseñamos a los gattini para que los saludaran, los observamos, los pusimos al sol, los observamos... Bueno, los observamos bastante y veíamos que se movían, comían y parecían hasta contentos (aunque claro, su expresión es indescifrable, pero se movían, a mi modo de ver, alegremente). A los 3 días, por la tarde, fui a saludarles y no se movían, con una varita los toqué y nada, no movían ni una antena, ni una pata, ninguna respuesta... Una pena, los tres a la vez decidieron que esta nueva rutina observante no les molaba y rescindieron su contrato con la vida. Desde fuera se veía una muerte tranquila, sosegada, tal vez sea por el agua.

Ahora me gustaría tener en acogida a su propietario, al pobre me parece que le espera un futuro atroz, en una familia piadosa que le recriminarán el gran error que cometió independizándose, se reconfortarán diciéndole que allí están ellos para protegerle (cuando seguramente habrán sido los causantes de su paso de frontera)... Un futuro difícil: o los calmantes lo convierten en un vegetal para el resto de su vida, cosa que a su madre seguramente le encantaría para poder mostrarlo en sus meriendas (con su té y sus pastas) a sus amigas como "su mayor obra de piedad y amor a Dios”, o decide acabar con todo (consigo y/o con los causantes) en un último arranque de lucidez (para él, no creo para los demás).

La frontera de las alteraciones mentales es lábil, ojalá todos lo tuviéramos en cuenta.

03 marzo 2009

BUCLE

A veces me pasa.
En este momento me siento en un bucle de error cíclico, como cuando le das a una tecla o a varias del ordenador y él te responde siempre lo mismo, pues eso, que me doy a una tecla o a varias de la cabeza y me respondo siempre lo mismo. Tengo que ver si consigo reiniciarme, aunque por ahora no hago/no sé hacer más que darme a las teclas y no consigo nada más que mi “bonito” bucle.

Bueno, son momentos, para bien o para mal todo pasa (aún en bucle todavía consigo darme explicaciones más o menos lógicas o ánimos, según se mire).

¡Viva el aburrimiento, el solaz y lo que éstos producen!

08 febrero 2009

SUPER MASTER MIND

De pequeña me gustaba mucho jugar al Master Mind, aunque sólo lo hacíamos cuando íbamos a Benalmádena Pueblo (echo tanto de menos la sensación de relajación y la luz de aquel lugar, pero ése es otro tema), que es donde teníamos el jueguecito, luego no me acuerdo si lo llevamos a Gijón... Bueno, no sé, tampoco es relevante.

Ahora muchas veces me parece que la vida es como un Super Master Mind, en el que el otro está en la parte cubierta y uno en la parte descubierta, a veces intentando descifrar, a veces no. Yo siento que voy con el "código de colores" escrito en la frente (o mejor destapado) y los demás van con él tapadito, entonces es todo extraño y me cuesta entender lo que para los demás es fácilmente comprensible.

Cada vez juego menos, porque cada vez me interesa menos descifrar el "código de colores” de los demás, supongo que será porque no me importan. Los "códigos de colores” de la gente querida, dentro de lo que cabe, están medio descifrados, al menos lo necesario para que la relación sea fluida.

Hoy, sin que sirva de precedente, me ha apetecido colgar una foto, de Andreas Gursky, en lugar de una pintura… Es que me parece muy apropiada para mi idea de Super Master Mind vital.

05 enero 2009

EN LA CUERDA FLOJA

[…]

Sí, quiere vivir, la vida le satisface enormemente, pero al mismo tiempo sabe que ese "quiero vivir" está sujeto con el hilo de una tela de araña. Basta con tan poco, tan terriblemente poco, para que uno se encuentre del otro lado de la frontera, donde todo pierde su sentido: el amor, las convicciones, la fe, la historia.
Todo el secreto de la vida humana consiste en que transcurre en la inmediata proximidad, casi en contacto directo, con esa frontera, que no está separada de ella por kilómetros sino por un único milímetro.

[…]

Jan prosiguió:
¿Sabes la historia del Lord inglés?
Passer golpeó la mesa con el puño y dijo que no la conocía.
- Un Lord inglés le dice a su mujer después de la noche de bodas: Lady, espero que haya quedado usted embarazada. No me gustaría tener que repetir por segunda vez estos movimientos ridículos.
Passer se sonrió pero no golpeó con el puño la mesa. Esta historia no era de las que despertaban su entusiasmo.
Y Jan continuó:
-Nada de revolución mundial. Estamos viviendo una gran época histórica en la que el amor físico se transformará definitivamente en movimientos ridículos.

[…]

Si Jan ha definido para sí mismo la frontera como la medida de la máxima reiteratividad tolerable, me veo obligado a corregirle: la frontera no es producto de la reiteración. La reiteración es sólo uno de los modos de hacer que la frontera se haga visible. La línea de la frontera está cubierta de polvo y la reiteración es como el movimiento de una mano que quita ese polvo.
Me gustaría recordarle a Jan esta interesante experiencia de su infancia: tenía entonces unos trece años. Se hablaba de los seres que viven en otros planetas. Y él jugaba con la idea de que esos seres extraterrestres estuvieran provistos de mayor número de órganos eróticos que el hombre, habitante de la tierra.
Él, un niño de trece años, que se excitaba en secreto mirando una fotografía robada de una bailarina desnuda, llegó a tener la sensación de que una mujer terrestre, provista de un pubis y dos pechos, un triángulo excesivamente simple, es en realidad eróticamente pobre. Soñaba con seres que tenían en el cuerpo, en lugar de ese mísero triángulo, diez o veinte sitios eróticos y le proporcionaban a los ojos una excitación completamente inagotable.
Quiero decir con esto que, aún en el medio del prolongadísimo camino de su virginidad, sabía ya lo que es estar aburrido del cuerpo femenino. Antes aún de conocer el placer llegó, con la sola imaginación, hasta el fin de la excitación. Supo que no era inagotable.
Vivió, por lo tanto, desde su misma infancia a la vista de esa frontera secreta más allá de la cual un seno femenino es una simple bola blanda que cuelga del pecho. La frontera fue su sino desde el comienzo.

[…]

Bueno, me parece que los fragmentos anteriores de El libro de la risa y el olvido de Milán Kundera no necesitan explicación alguna.

Yo siento eso muchas veces, siento que tengo “la frontera” ahí delante. La repetición sí, es una forma para verla, pero también lo es la abstracción. A veces me entra la risa al ver tan claramente la frontera entre la pasión y el absurdo, entre el idealismo y la ridiculez, y me siento mal, porque querría vivir la pasión o el idealismo sin más, sin hacerme preguntas ni darme respuestas, no ver esa frontera, pero no me es posible.

Esta visión continua de la frontera o la introducción de ella en mi vida ha hecho que no me tome nada realmente en serio, que relativice todo y que, finalmente, no tenga pasión por nada. Realmente no sé si esto es bueno, malo o regular. Sí sé que es parte de mí y que con ello convivo, estoy siempre en la cuerda floja, si no me obligo a “centrarme” empiezo a ver el lado más supuestamente absurdo y menos socioculturalmente aceptado de las cosas, el lado que le roba el sentido a todo. No puedo decir que mi vida haya tenido nunca un "sentido" particular (más allá del establecido por la propia rueda vital [educación, sociedad, cultura, inercia]) pero sí es verdad que siempre he tratado de esforzarme por ver las cosas "socialmente", no abstrayéndolas y dejándolas, al hacerlo, sin su supuesta causa ni su supuesto fin, o reduciéndolas a pura mecánica (causa-efecto) con emotividad cero.

Espero que este vivir y ver continuamente la frontera no me convierta en un “borderline”, conforme a lo que en psicología se entiende por este término… Por ahora no creo serlo, por más que la etimología de la palabra en inglés me resulte tan adecuada para la ocasión, jes, jes, jes.

07 diciembre 2008

COTIDIANO



El invierno es implacable y produce sueño.

Por la mañana antes de ponerme en pie doy mil vueltas en la cama, me despierto, me vuelvo a dormir, me despierto, me vuelvo a dormir, los remordimientos me despiertan nuevamente, la voz de mi conciencia me dice “no puedes estar durmiendo a estas horas, tienes tantas cosas que hacer…” y nada, me vuelvo a dormir. Hasta que, entre las 8.30 y las 9.00, consigo que las malditas sábanas (que me tienen agarrada de pies y manos a la cama) me suelten, entonces entra el colchón en acción, parece engullirme en ese encantador invento llamado viscoelástica. ¡Qué nombre más feo para algo tan suave, acogedor, cariñoso y mimoso! Parece un insulto: ¡eres una viscoelástica! Bueno, entonces es el colchón el que no me deja salir, me vuelvo a dormir.

Me despierto y pienso: ¡Dios mío son las 9.30 y tengo que entregar una interesantísima traducción de unas instrucciones de uso de una caldera! ¡Dios mío son las 9.30 y tengo que mandarles la corrección de los estatutos de la sociedad! ¡Dios mío son las 9.30 y tengo que hacer la compra! ¡Dios mío son las 9.30 y tengo que ir al banco! Bueno, esa exclamación pensada no suele ir acompañada de sobresalto alguno, por lo que, muchas veces, me vuelvo a quedar dormida.

Finalmente me despierto, un Cola-Cao frío (caliente lo tomo rara vez, alguna tarde que necesito calorías) y a ver qué nos cuenta Internet. Después… trabajar, la compra, cocinar o lo que sea menester, comer y, de nuevo, a la cama: ¡es hora de la siesta!

Últimamente casi le tengo miedo a este momento, sé que luego será muy difícil salir de esa cama posesiva y arrogante. Me meto con cuidado, como de puntillas, veo el Telediario y, luego, a pesar de las atrocidades, falsedades e insensateces que oigo y observo, me quedo plácidamente dormida (¡qué capacidad de desconexión tenemos!). Hacia las 16.00 empiezan a despertarme de nuevo los remordimientos, pero nada, la cama, obstinada, me atrapa y, una vez más, me quedo en el limbo y, en sueños, me imagino que salgo de la cama, que hago “lo que debería de hacer”, que la cama no me tiene pegada a su superficie… Me despierto y trato de incorporarme, no puedo, me da frío salir de entre las sábanas, lo intento de nuevo, nada, no hay forma, sigo sin poder “arrancar”, pienso que lo tengo que hacer, me adormezco por enésima vez.

Finalmente salgo… ya quedan poquitas horas para que se haga de noche y otra vez volver a empezar.

A ves creo que la cotidianeidad es muy dura, aunque no lo parezca*.

* Ironía.

11 noviembre 2008

SUCESOS PARANORMALES

Es curioso, hay veces que pasan una serie de cosas que te dejan atónita y no sabes muy bien qué hacer, qué decir, cómo reaccionar ante ellas. Y es más curioso aún que, en ciertos intervalos temporales, se te junten varios de estos “sucesos paranormales*”.

Las relaciones actualmente para mí se han convertido en una especie de sucesos de los anteriormente mencionados… No las entiendo. Bueno, nunca las he entendido pero, más o menos, las tenía “bajo control”. Actualmente parece que todas se hubieran desbocado y estuvieran locas locas revolviéndose a saber por qué motivo inexplicable. También me llama la atención que es, principalmente, el mundo virtual el que anda revolucionado, el real va normal, con mis problemas mentales cotidianos, pero sin grandes complicaciones, las típicas. El mundo virtual parece estar cuestionándose a sí mismo a través de las relaciones establecidas: es como si todo se estuviera reestructurando, no sé si para bien o para mal, eso se verá. Un giro de ruleta, ¡a ver si en el próximo en vez de una bala me toca un premio! ¡Ojalá!

Decía Javier Marías en Mañana en la batalla piensa en mí:
[…] soy una persona pasiva que casi nunca busca ni quiere nada o no sabe que busca o quiere y a la que alcanzan las cosas, basta con estarse quieto para que todo se complique y llegue y haya furia y litigios, basta con respirar en el mundo, el mínimo balanceo de nuestro aliento como el vaivén levísimo que no pueden evitar tener las cosas ligeras que penden de un hilo, nuestra mirada velada y neutra como la oscilación inerte de los aviones colgados del techo, que acaban siempre por entrar en batalla causa de un temblor o latido mínimo. […]

La cita anterior describe perfectamente una característica básica de mi personalidad: no elucubro, no me como la cabeza sobre lo que dicen/piensan los demás, simplemente vivo mi vida y con mi propia introspección (siempre general, rara vez particularizada) ya tengo bastante… Pero, a pesar de todo ello, las complicaciones vienen y, por suerte, como han venido, se van.

Estos días me he encontrado en un punto de complicaciones absurdas y “paranormales”. En un principio, tal vez por la sorpresa, me enfadaron un tantito y reaccioné bastante impulsivamente, ahora pienso en ellas y me parece todo tan absurdo, ilógico y “descontrolado” que me hace casi reír, eso sí, con cierta amargura… principalmente porque me han dejado “descolocada” durante 3 días aproximadamente: ¡qué pérdida de tiempo con lo bien que hubiera estado durmiendo!

Pero ya va pasando y escribiendo pasa mejor aún…

* Tal vez no sea el término que comúnmente sería pertinente para esta “entrada”, pero en este caso yo lo siento así, ése es el significante para mi significado. La palabra “paranormal” se puede leer de tantas formas, es encantadora.

P.S. Bloguito de mi vida que eres absurdo como yo, por eso te quiero tanto y te doy un croissant, tómalo, tómalo, tuyo es y mío no.

P.S. 1 Paso palabra.

29 octubre 2008

HASTÍO, TEDIO, ABURRIMIENTO, CANSANCIO Y CONFUSIÓN


Soy terrenal y trato de ser racional, tal vez hasta la locura (aunque parezca o sea una contradicción es también una realidad). Esta lucha por la racionalidad y el no dejar espacio nunca al sentimiento a veces, pocas, me hace estar más confusa de lo habitual en mí y me produce un cansancio atroz.

Ahora me siento así, muy cansada, aburrida de lo de siempre, de las mismas “verdades”, de las mismas “mentiras”, de los mismos espejismos y las mismas “realidades”.

No sé soñar, no sé levantar los pies lo más mínimo de la tierra que piso y eso, a veces, produce tedio, produce la sensación de que “todo esto ya ha pasado”, una y mil veces. Y cansa, cansa mucho. Así estoy: agotada.

Son etapas, son momentos y sé que esto ya lo he vivido (y lo viviré), lo he pensado (y lo pensaré) y lo he dicho (y lo diré) muchas veces y que no sirve de nada repetirlo… Es simplemente una constatación de una realidad, ni más ni menos. Si esto conllevara algo, un cambio, podría estar bien escribirlo y releerlo y reflexionar sobre el posible cambio, pero soy muy conservadora en este sentido, no me gustan los cambios, excepto superficiales (de lugar, de comida…). Bueno, en realidad no sé si es conservadurismo o cobardía o simplemente esta tendencia a “lo racional” (que me dice, por experiencia, que todo es igual, que no hay nada nuevo bajo el sol y que, por lo tanto, los cambios no sirven para nada). Sólo los cambios “superficiales” y temporales me agradan de una forma leve y sin implicación ninguna: me gusta conocer sitios nuevos, comidas nuevas, hoteles nuevos…

Sobre los “estructurales” reflexiono y siempre llego a la conclusión de que, al final, son “más de lo mismo” y, por lo tanto, no compensan: tal vez sea simplemente un círculo vicioso (conservadurismo- cobardía lleva a no cambiar y a dar una justificación “racional” a dicho no-cambio y viceversa).

No sé, el caso es divagar y no llegar nunca a soluciones, para eso sirve el cerebro ¿no?